El polifacético Artur Lundkvist en la concesión del Premio Nobel de Literatura a Gabriel García Márquez por Javier Claure C.
(Estocolmo)Javier Claure C.
La Academia
Sueca aún no ha desclasificado los archivos con los documentos y las actas en
donde se manifiestan las causas que coronaron a Gabriel García Márquez con el
Premio Nobel de Literatura. Para conocer este material y la deliberación del
jurado de la Academia Sueca deben pasar 50 años. En otras palabras, se
mantendrán diez años más, en secreto, las discusiones, los apuntes, las
sugerencias y todo lo relacionado con el Premio Nobel otorgado a García
Márquez. Sin embargo, pese al enigmático e impenetrable archivo de la Academia
Sueca, existe un sendero por donde podemos caminar para encontrar respuestas o,
al menos, indicios a nuestras incógnitas.
El día en que
García Márquez pisó tierra sueca, en diciembre de 1982, en pleno invierno,
periodistas suecos y de otros países estaban pegados a las vidrieras del
aeropuerto con las esperanzas de entrevistarlo, y tomar fotos al galardonado
con el premio literario más importante del mundo. Su avión llegaba de
Copenhague, y García Márquez representaba la voz de América Latina en el país
nórdico. Estando en el aeropuerto sentado en un sillón de cuero, una ráfaga
intensa y luminosa salía de las cámaras fotográficas. Un periodista se le
acercó con un micrófono y conversaron unos minutos en español. De repente García
Márquez exclamó: «Perdón, tengo algo importante que hacer. Voy a visitar a mi
amigo Artur Lundkvist». Todos los periodistas que estaban ahí para sacarle
algunas palabras quedaron atónitos. Garcia Marquez y su esposa, Mercedes
Barcha, desaparecieron por una puerta tras la cual les esperaba Lars
Gyllensten, el secretario permanente de la Academia Sueca. Se acomodaron en una
limusina y partieron hacia la casa de Artur Lundkvist situada en la calle
Råsundavägen en el sector de Solna (Estocolmo). El escritor colombiano decía
que Artur Lundkvist era su «padrino literario». Ese mismo día, unos 45 minutos
antes que él aterrizará, un avión de la compañía aérea Avianca, proveniente de
París, había aterrizado en el aeropuerto de Arlanda (Estocolmo) con músicos y
danzantes, personalidades de la cultura colombiana y el Ministro de Educación
de Colombia.
En su crónica
titulada «El sueco que ayudó a que cuatro latinoamericanos ganaran el Premio
Nobel», el poeta colombiano Víctor Rojas, residente en Jönköping desde 1984,
relata, entre otras cosas, una visita que hizo a Artur Lundkvist. Cuando estaba
en su casa encontró, semioculta por una perforadora de papel, una medalla
tricolor. Apenas la vio, exclamó: «Los colores de la bandera colombiana». Maria
Wine, la esposa de Artur Lundkvist, se acercó, cogió la medalla entre sus dedos
y le dijo: «Es un regalo que le trajo García Márquez a mi esposo. El día que le
dieron el Premio Nobel vino a visitarnos y traía la medalla colgada en el
cuello. Al saludar a Artur se la quitó diciéndole: «Toma esta medalla, te
pertenece por haberme hecho mundialmente famoso» (Rojas 2014).
Artur Lundkvist
fue uno de los escritores suecos más importantes del siglo pasado. Su
producción abarca cerca de 100 libros entre poesía, traducciones, crítica
literaria, narrativa y ensayos. Nació el 3 de marzo de 1906 en Oderljunga; una
aldea situada al sur de Suecia. Hijo de un agricultor y una costurera. Creció
en las tierras de su padre en un ambiente proletario y limitado. Desde temprana
edad mostró su vocación literaria y, a medida que pasaba el tiempo, estaba
consciente que debía abandonar el campo para aprender idiomas, tener acceso a
los medios culturales y conocer a gente en el ámbito literario. Fue defensor
acérrimo de la neutralidad y la paz mundial. Con tan solo veinte años se
trasladó a Estocolmo, y conoció a connotados escritores como Eyvind Johnson,
Ivar Lo-Johansson, Harry Martinson, Karin Boye, etc.
La capital sueca
estaba atravesando por grandes cambios sociales. Dejaba de ser una sociedad
agraria para transformarse en una sociedad industrial, en donde las máquinas
marcaban un nuevo ritmo de vida. Estocolmo gozaba de un puerto de transbordo
para el comercio con Rusia, Finlandia y los países Báticos. En 1926 se terminó
de construir el Puerto de «Frihamn» que funciona hasta hoy en día. La vida en
Estocolmo lo lleva por senderos nunca antes transitados. Participa en
actividades literarias, empieza a leer al poeta finlandés Elmer Diktonius, a la
poeta sueco-finlandesa Edith Södergran. También lee a los poetas
norteamericanos Carl Sandburg y Walt Whitman. Todos ellos fueron un bálsamo de
inspiración para Lundkvist. En abril de 1928 publicó su primer poemario Brasas
(Glöd), y se destacó como poeta del proletariado y pionero del modernismo en
Suecia. Los matutinos suecos alagaron los poemas de Lundkvist. Un crítico
literario le auguraba un brillante futuro, mientras que otro comentó: «Es la
carcajada de Douglas Fairbanks en la boca de Lenin» (Uriz 1973, 18). Y, según
cuentan, al flamante escritor le gustó este comentario.
Esa fecha clave marca el comienzo de su deslumbrante trayectoria literaria. Lee y escribe de una manera a sombrosa. Se especula que leía cien libros por año y escribía sin corregir. Es decir, todo lo que salía de su pulso estaba listo para la imprenta. También se dice que Lundkvist aprendió inglés, español y francés con ayuda de diccionarios y libros de gramática. Conoció a Gabriela Mistral cuando llegó a Estocolmo en 1945 para recibir el Premio Nobel de Literatura. Mistral traía cartas de presentación de varios escritores latinoamericanos y las entregó a Lundkvist. Un año más tarde, Lundkvist emprendió un periplo por diferentes países de Sudamérica.
En 1966 publicó un libro que se titula «Självporträtt av en drömmare med öppna ögon» (Autorretrato de un soñador con los ojos abiertos), en donde relata su primer viaje por América Latina. Partió en barco, en tercera clase, desde Gotemburgo rumbo a Río de Janeiro. En el barco conoció a mucha gente de Europa que buscaba nuevas oportunidades de vida después de la Segunda Guerra Mundial. Así, por ejemplo, describe que en un camarote al lado del suyo vivían dos hermanas polacas que habían sido maltratadas y violadas por los nazis. La llegada a Brasil fue un poco tormentosa porque tenía los pies hinchados, y los primeros días pasaba en cama descansando. A su retorno empezó a introducir en Suecia a escritores de ese continente, pero también a escritores y poetas españoles como, por ejemplo, a Vicente Aleixandre, Gabriel Celaya, Miguel Hernández, etc. En su libro «Vistelse på jorden» (Residencia en la tierra) publicó una colección de poemas de Pablo Neruda. Tradujo también a García Lorca, Miguel Ángel Asturias, Carlos Fuentes, Jorge Luis Borges, Alejo Carpentier, Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Octavio Paz, Guillermo Cabrera Infante, Mario Vargas Llosa, Ernesto Sábato, José Lezama Lima, etc.
Artur Lundkvist se carteó con algunos escritores latinoamericanos durante mucho tiempo. De alguna manera había dejado una parte suya en América Latina. Y su alma inquieta no se contentaba con enterarse de muchas cosas desde la distancia. Quería ver con sus propios ojos ese mundo colonizado y explotado. Deseaba volver a ese continente de contradicciones, de conflictos sociales y donde la vida, a veces, parece ser surrealista. Es así que a finales de 1956 emprende nuevamente un viaje por América Latina. En Brasil se contactó con Jorge de Lima y Carlos Drummond de Andrade, dos poetas que, según él, tenían cosas en común: la atracción por el surrealismo y el radicalismo social.
En México se encontró con muralistas y pintores como Diego Rivera, Rufino Tamayo, David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco y con el escritor Octavio Paz. En Quito se encontró con Guayasamín y en Bolivia con la famosa escultora paceña Marina Núñez del Prado. Recorrió América Latina de punta a punta. Pasó por Chile, Argentina, Ecuador, Perú, Paraguay, Colombia, Venezuela, Guatemala, México y en Montevideo compró una antología de Pablo Neruda. Las experiencias de este viaje se pueden leer, con lujo de detalles y fotos, en su libro «Vulkanisk kontinent» (Continente volcánico), de 1957. En Argentina, cuando entraba a un cine a ver la película «Juego Celestial» del cineasta sueco Alf Sjöberg, se encontró con Jorge Luis Borges (también recomendado por G. Mistral). Esa fue la primera vez que hablaron. Luego se volvieron a encontrar un par de veces. Con Borges recorrieron las librerías y algunos barrios obreros de Buenos Aires. Viajaron juntos a una finca situada en las pampas argentinas, siempre hablando de literatura y sobre la mitología islandesa y sueca. Lundkvist (1966) ha dicho de Borges: «Hablaba un inglés perfecto y le gustaba expresarse en ese idioma. Tenía un gran interés por los idiomas nórdicos como también por la mitología nórdica, y era un gran admirador de Faulkner. Su reputación, en ese tiempo, era mala. La gente lo consideraba un alcohólico y un poeta fracasado» (187).
A Chile llegó en un otoño lluvioso. Con Neruda compartieron momentos alegres en su casa a las afueras de Santiago. Neruda recién había sido elegido Senador de la República por las provincias de Antofagasta y Tarapacá. Lundkvist también se encontró con obreros, intelectuales, periodistas, escritores y gente dedicada a la cultura; todos ellos orgullosos de los poetas del país. A menudo le preguntaban ¿Conoce usted a nuestro gran poeta? Y Lundkvist contestaba: «claro, Neruda» y de pronto escuchaba: «no, no, nos referimos a Huidobro». En aquella época unos eran seguidores de Pablo Neruda y otros de Vicente Huidobro. Pero Lundkvist tenía una gran admiración por Neruda, y dicen que se entendía mejor con Neruda que con Borges. Lo cierto es que Neruda y Lundkvist mantuvieron correspondencia por muchos años, lo cual reforzó la amistad entre ellos. Tal es así que cuando Neruda estaba de embajador en París en 1971, Artur Lundkvist y su mujer, María Wine, lo visitaron en su residencia antes de conocerse el fallo de la Academia Sueca. Y cuentan que Neruda bromeaba con Lundkvist diciéndole: «I know that you know that I know that you know» (Uriz 1973, 22).
Lundkvist continuó por los senderos de la literatura con una capacidad creativa admirable. Fue un gran conocedor de la realidad de América Latina como también de muchos de sus escritores y poetas. Había viajado a Cuba en 1963 y conversado con intelectuales, con escritores, con obreros y con estudiantes. De ahí, sus palabras refiriéndose al país de Fidel Castro: «Cuba se ha convertido en un foco internacional cuya importancia no puede igualar ningún otro país pequeño. Cuba saca fuerza y tenacidad del hecho de sentirse en el nudo mismo de la evolución contemporánea, como pionera de vanguardia. Esta convicción ha penetrado sutilmente en Cuba, dando a todo un amplio contenido, un significado nuevo y estimulante, que no es fácil de encontrar en ninguna otra parte del mundo» (Lundkvist, citado por Depestre 2016).
Lundkvist y Borges se encontraron por segunda vez en Estocolmo en 1964. El escritor y poeta sueco comentó este encuentro con las siguientes palabras: «Cuando volví a ver a Borges después de 18 años, en Estocolmo, famoso y ciego, no solamente me recordó, sino que continuó con la conversación donde habíamos cortado en 1946» (Lundkvist 1966, 188).
El año 1968 Artur Lundkvist, a los sesenta y dos años, ingresa a la Academia Sueca después de la muerte de Gunnar Ekelöf, traductor, poeta y escritor. El recién llegado ocupó la silla número 18. Era el único en la Academia que hablaba español. Gabriel García Márquez escribió una nota al respecto: «El único miembro de la Academia Sueca que lee en castellano, y muy bien, es el poeta Artur Lundkvist. Es él quien conoce la obra de nuestros escritores, quien propone sus candidaturas y quien libra por ellos la batalla secreta. Esto lo ha convertido, muy a su pesar, en una deidad remota y enigmática, de la cual depende en cierto modo el destino universal de nuestras letras. Sin embargo, en la vida real es un anciano juvenil, con un sentido del humor un poco latino, y con una casa tan modesta que es imposible pensar que de él dependa el destino de nadie» (1980, 12).
Al parecer García Márquez, al igual que Borges y Neruda, conservó una estrecha amistad con Lundkvist. En un artículo escrito por el autor de «Cien años de soledad» se puede leer: «Hace unos años, después de una típica cena sueca en esa casa, con carnes frías y cerveza caliente, Lundkvist nos invitó a tomar el café en su biblioteca. Me quedé asombrado; era increíble encontrar semejante cantidad de libros en castellano, los mejores y los peores revueltos, y casi todos dedicados por sus autores vivos, agonizantes o muertos en la espera. Le pedí permiso al poeta para leer algunas dedicatorias, y él me lo concedió con una buena sonrisa de complicidad. La mayoría eran tan afectuosas, y algunas tan directas al corazón, que a la hora de escribir las mías me pareció que hasta la sola firma resultaba indiscreta. Complejos que uno tiene, ¡qué carajo!» (García Márquez 1980, 12).
Y los libros de
García Márquez, poco a poco, se fueron traduciendo al sueco. Carmen Balcells,
su representante, hizo llegar al secretario de la Academia Sueca el manuscrito
de la novela «Crónica de una muerte anunciada», que aún no se había publicado.
Lundkvist la leyó entonces antes de su publicación en 1981. La novela fue
publicada en sueco en 1982, y ese mismo año Gabriel García Márquez recibió el
Premio Nobel de Literatura. En realidad, a pesar del talento literario de
García Márquez, existieron ciertas dudas. Algunos pensaban que no le iban a
conceder el Premio Nobel porque era un acérrimo partidario de las filas de
izquierda. Además, empezó a escribir una serie de artículos con el título
genérico de «El fantasma del Premio Nobel», en donde sacaba a luz algunos
aspectos de la Academia Sueca. En uno de sus artículos se lee: «Dicen las malas
lenguas que el capital de Alfred Nobel, que produce abundantes dividendos, está
invertido en las minas de oro de África del Sur y, por consiguiente, el Premio
Nobel vive de la sangre de los esclavos negros» (García Márquez 1980, 11).
El propio
Lundkvist ha dicho que García Márquez ha estado entre los 20 candidatos al
Premio Nobel durante varios años y que su candidatura estuvo, en una o dos
ocasiones, a punto de fracasar. Eligio García Márquez, periodista colombiano y
hermano del Nobel, llegó a Estocolmo el 14 de diciembre de 1982 especialmente
para entrevistar a Artur Lundkvist. La entrevista nos aclara algunos rumores
que se han escuchado a lo largo del tiempo. Se decía que no le iban a otorgar
el Premio Nobel a García Márquez por su
posición política de izquierda. El entrevistador le pregunta por la aparente
contradicción al dárselo. Lundkvist respondió: «Personalmente pienso que su
posición política de izquierda lo único que hace es darle más peso a su figura,
es algo positivo. Pero naturalmente sus ideas políticas no se notan en su
literatura, no entran en lo que escribe. Esas ideas políticas se expresan en
otras ocasiones, en sus entrevistas, por ejemplo. Pero son dos cosas aparte. Y
esto por supuesto no intervino en la decisión de la Academia. Le repito, la
Academia solo tiene en cuenta los méritos literarios, sin pensar en
consideraciones políticas ni tampoco si el escritor es conocido o desconocido»
(E. García Márquez 1983, 57-58).
Acerca de su
poder en la Academia Sueca, Lundkvist señala: «Son circunstancias que han hecho
toda esta situación. Y que colocan sobre mí semejante responsabilidad. Lo mejor
sería que no tuviera tanta. Las circunstancias me han dado mucho poder, y yo
detesto el poder. Siempre he estado contra él, y por eso esta sensación no me
gusta. Pero el problema es que soy el único que puedo leer a los autores
latinoamericanos con matices, y con un juicio más certero por hacerlo en el propio
idioma» (52). Quizá la pregunta más importante de la entrevista sea:
¿Por qué se lo
dieron a García Márquez? Lundkvist argumenta con las siguientes palabras: «Por
toda su obra, pero especialmente por «Cien años de soledad» que ha tenido mucho
éxito también en Suecia. Pero uno de los aspectos de la fama es que cierto tipo
de gente solo compra y lee este libro. Y dejan de lado «El otoño del patriarca»
que es, sin discusión alguna, un mejor libro, y merece mucho más la atención
del público» (56).
Artur Lundkvist
había leído «Cien años de soledad» en 1967, y dio el nombre de Gabriel García
Márquez a la Academia Sueca. Las sugerencias de Lundkvist tenían un carácter
decisivo en las discusiones sobre el Premio Nobel. Así pues, cuando le
otorgaron el Premio Nobel a García Márquez; Lundkvist hizo una declaración a la
prensa sueca en la que indicaba: «siento una alegría tan grande, quizá más
grande que cuando Pablo Neruda o Vicente Aleixandre recibieron el Premio Nobel.
Efectivamente García Márquez era uno de los candidatos más idóneos, solo que la
Academia estaba esperando que escribiera otro libro» (53). Ese «otro libro»
hace referencia a «Crónica de una muerte anunciada» que se publicó por primera
vez en 1981.
No cabe duda que
Artur Lundkvist, dueño de una formación literaria envidiable, fue el promotor
para que García Márquez recibiera el Premio Nobel de Literatura. El autor de
«El amor en los tiempos de cólera» nació en un continente del cual dos poetas y
un novelista, años anteriores, habían sido galardonados con el Premio Nobel de
Literatura. Lars Gyllensten, secretario permanente de la Academia Sueca, señaló
en la entrega del premio al colombiano: «con el Premio Nobel de Literatura de
este año concedido a Gabriel García Márquez, no se puede decir que la Academia
Sueca ha escogido a un escritor desconocido» (Espmark 1986, 110).
El galardón fue,
en primer lugar, para Colombia; pero enorgulleció también a toda América
Latina. El día en que García Márquez dio su discurso en el Banquete del Premio
Nobel, las mesas estaban adornadas con flores y, por supuesto, las rosas
amarillas relucían entre las copas, platos y cubiertos. Además, se escucharon
cumbias y vallenatos rompiendo la seriedad del protocolo sueco. Y García
Márquez con su traje blanco, típico de los llanos orientales colombianos,
denominado liquiliqui, se expresó de la siguiente manera:
«El premio que
acabo de recibir lo entiendo, con toda humildad, como la consoladora evidencia
de que mi intento no ha sido en vano. Es por eso que invito a todos ustedes a
brindar por lo que un gran poeta de nuestra América, Luis Cardoza y Aragón, ha
definido como la única prueba concreta de la existencia del hombre: la poesía»
(G. García Márquez 1983, 16-17).
Referencias
Depestre,
Leonardo. 2016. «Artur Lundkvist». La voz del patrimonio cubano. Dic. 9, 2016.
http://www.habanaradio.cu/articulos/artur-lundkvist.
Espmark, Kjell.
1986. Det litterära Nobelpriset «El Premio Nobel Literario». Estocolmo:
Norstedts.
García Márquez,
Eligio. 1983. «Entrevista a Arthur Lundkvist». En La Soledad de América Latina:
Brindis por la poesía, 49-58. Cali: Corporación Universitaria de Colombia.
García Márquez,
Gabriel. 1980. «El fantasma del Premio Nobel», El País, Madrid, Oct. 8, 1980:
11-12.
«Brindis por la
poesía» 1983. En La soledad de América Latina: Brindis por la poesía, 13-17.
Cali: Corporación Universitaria de Colombia.
Lundkvist,
Artur. 1957. Vulkanisk kontinent «Continente volcánico». Estocolmo, Rydahls AB.
Självporträtt av
en drömmare med öppna ögon 1966 «Autorretrato de un soñador con los ojos
abiertos». Estocolmo, Bonniers.
Rojas, Víctor.
2014. «El sueco que ayudó a que cuatro latinoamericanos ganaran el Premio
Nobel».
Las2 Orillas.
Ago. 3, 2014.
https://www.las2orillas.co/el-sue-co-que-ayudo-a-que-cuatro-latinoamericanos-ganaran-el-premio-nobel.
Uriz, Francisco
J. 1973. «Artur Lundkvist, una vida dedicada a la literatura». Fablas, Revista
de Poesía y Crítica, n° 49 (Dic.): 18-23.
Este trabajo es
parte del libro que se titula «Grabriel García Márquez, a 40 años del Premio Nobel»,
publicado por la Universidad del Valle en 2022, Cali (Colombia).
Editores:
Julián Vásquez
Lopera, ex Profesor Catedrático Asociado en Literatura Comparada, Departamento
de Cultura y Estética, Universidad de Estocolmo.
Juan Moreno
Blanco, profesor de Literatura Colombiana en la Escuela de Estudios Literarios,
Universidad del Valle, Colombia.
Han participado
escritores, poetas, ensayistas y fotógrafos:
Jaime Barrios
Carrillo (Guatemala), Martha Cecilia Bojassen (Colombia), Adolfo Cardona
Guevara (Colombia), Nadia Celis Salgado (Colombia), Javier Claure Covarrubias
(Bolivia),
Fernando Cruz
Kronfly (Colombia), Anders Cullhed (Suecia), Inger Enkvist (Suecia), Ángela
García (Colombia), Carlos Germán van der Linde (Colombia), Nils Artur Lundkvist
(1906-1991, Suecia), Elizabeth Montes Garcés (Colombia), Juan Moreno Blanco
(Colombia),
Carmiña Navia
(Colombia), Michael Palencia-Roth (Colombia), Eric Rodríguez Woroniuk
(Colombia), Esther Salazar Montiel (Colombia), María Esquivel Sánchez
(Colombia), Pierre Schori (Suecia), Lasse Söderberg (Suecia), Hernán Toro
(Colombia), Julián Vásquez Lopera (Colombia), Lina Wolff (Suecia), Hernando
Guerrero, fotógrafo (Colombia), Nereo López fotógrafo (Colombia), Patricio
Salinas, fotógrafo (Chile), Hugo Ordóñez Nievas, diseño y diagramación
(Colombia) y Luz Stella Grisales Herrera, corrección de estilo (Colombia).
(c) Javier Claure C.
La foto de la
portada del libro pertenece al fotógrafo chileno Patricio Salinas.
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