sábado, 27 de abril de 2019

La poetisa Ida Vitale, con "humildad uruguaya" recibió el Premio Cervantes de Literatura



(México, D.F.) Washington Daniel Gorosito Pérez

Nació en Montevideo el 2 de noviembre de 1923, poeta, ensayista, traductora, crítica literaria, profesora, integrante del movimiento artístico denominado “Generación del 45”. Estudió en la Facultad de Humanidades en la Universidad del Uruguay, que le otorgará el Doctorado Honoris Causa en el año 2010.
Durante el Gobierno militar se exilió en México (1974- 1985), país que considera su segunda patria, donde aprendió la “picosidad” del lenguaje y desarrolló una extensa actividad de escritura. Con la ayuda de Octavio Paz se incorporó a la rica vida cultural mexicana. “Mis once años en México fueron de realización permitida. Eso es maravilloso, un lugar que lo recibe a uno como si no fuera extraño. México te da la ilusión de que todo está abierto”.
En su discurso la poeta oriental, al recibir el máximo galardón de la literatura en lengua castellana, el Premio Cervantes, conocido como el “Nobel” de las letras en Castellano, remarcó su devoción por la obra cumbre de Miguel de Cervantes Saavedra: Don Quijote de la Mancha.
“Mi devoción cervantina carece de todo misterio, mis lecturas del Quijote, con excepción de la determinada por los programas del liceo, fueron libres y tardías”.
“Muchas veces lo que llamamos locura del Quijote, podría ser visto como irrupción de un frenesí poético no subrayado como tal por Cervantes, un novelista que tuvo a la poesía por su principal respeto”.
El Premio Cervantes de Literatura 2018, le fue concedido a Ida “por su lenguaje, uno de los más destacados y reconocidos de la poesía hodierna (moderno o actual), en español, que es al mismo tiempo intelectual y popular, universal y personal, transparente y honda”.
El jurado también destacó que desde hace un tiempo se ha convertido “en un referente fundamental para poetas de todas las generaciones y en todos los rincones en español”.
Siguiendo con parte del contenido del discurso de Ida, sostiene: “Cervantes como precisa José Miguel Marinas, es “el primer alegorista de la ética moderna” y va sobreviviendo a las menguantes transformaciones de ésta.
“Virtud siempre lograda de Cervantes ha sido no echar mano de milagros de los usuales en las novelas que no se privaban de gigantes y monstruos, cuando un argumento descontrolado las requería”.
Toda la gracia proviene que el Quijote haga de las suyas “cuando ya no se usan los caballeros andantes”, radica en ello su razón de ser, el más sutil de los méritos de la obra.
En la última década, la poetisa ha sido galardonada con los premios más importantes de literatura en lengua española:
2009 –IX Premio Internacional Octavio Paz de Poesía y Ensayo.
                    (Compartido con Ramón Xirau).
2014 – Premio Internacional Alfonso Reyes.
2015 – XXIV Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana.
2016 – Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca
2017 – Premio Max Jacob
2018- Premio Literatura en Lenguas Romances de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara- México.
2018- Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes.
Afirma en su discurso Ida que El Quijote, “nos reclama la inacabable virtud del libro: exigirnos la fidelidad atemporal a lo que, lector tras lector y época tras época, se ha ido consagrando, como un venerable sostén de la herencia humana”.
“No sé por qué atribuí a ese libro la capacidad de precipitar hacia mí, la buena voluntad del azar. Quizás simplemente buscaba una ocasión de dicha dispersiva, de caridad sin reserva, cuando el disfrute viene sin proponérselo a veces, acompañado de una sensación de penuria de gracias en la vida diaria y necesidad de gusto satisfecho, que depararán siempre las aventuras por las que ando tan a gusto cuando me reintegro al maravilloso mundo cervantino”.
Ida, la niña que se inició en la escritura a los 15 años; según ella una edad en la que “no escribís pensando que sos buena”, hoy a sus 95 años continúa escribiendo, su última obra: Shakespeare Palace. Mosaicos de mi vida en México, es el título de las memorias de la poetisa publicado este año.
La escritora reconoció en su discurso lo que se convirtió en una “devoción total” cuando intimó “con aquella pareja española tan tiernamente compatible, entre sí y con una lectura inocente y deseosa de amistades literarias a su alcance, ese Quijote y ese Sancho que hablaban de otra manera”.
La ceremonia en la Universidad Alcalá de Henares en Madrid, en que el Rey Felipe VI le entregó el galardón a Ida Vitale, estuvo marcada, por la lluvia, un elemento fundamental en la obra de la poeta y por su humildad y el agradecimiento que mostró en forma constante. “Es la humildad uruguaya”, dijo Nuria Flo, una de sus nietas que la acompañaba.
Refiriéndose a la obra de Ida dijo: “La poesía de mi abuela me gusta mucho, pero a veces es difícil”. Es que para Ida Vitale: “No todos los poemas están escritos para que se entiendan”.
Y lo que se entendió muy bien, fue el final del mensaje de la poetisa: “Con todo lo que las afirmaciones de Don Quijote, prudente y aun sabio, me reclaman de acatamiento, para terminar debo disculparle una afirmación que como suya, podría ser aceptada sin más “que no hay poeta que no sea arrogante y piense que sí que es el mayor poeta del mundo”.
No es mi caso, puedo asegurarlo. Sin duda, Don Quijote no imaginó jamás que ese género femenino al que se consideraba por oficio llamado a honrar y defender pudiera caer en tan osada pretensión. Y en eso, estoy segura que acertó”.
      
(c) Washington Daniel Gorosito Pérez
México, D.F.

Washington Daniel Gorosito Pérez es un escritor y periodista de origen uruguayo radicado en México
                                                       


miércoles, 3 de abril de 2019

Obra de Sor Juana Inés de la Cruz, catalogada por la Unesco como Memoria del mundo


(México, D.F.) Washington Daniel Gorosito Pérez


Mujer extraordinaria, ornamento de su siglo, Sor Juana Inés de la Cruz aparece, casi como

un milagro en la segunda mitad del siglo XVII en la nación de un continente que, a

mediados del siglo anterior, había empezado apenas a incorporarse a la cultura europea.

Tiene desde niña una gran curiosidad por el mundo que pronto se convierte en un deseo de

 saber y explicárselo todo, que sorprende en una sociedad tan joven y en una persona del

 sexo considerado tradicionalmente reacio a todo tipo de estudios y meditaciones.

Toda su niñez es un ardiente afán de sabiduría. Buscó una razón para justificar ese anhelo,

 que acaso a muchos parecería indiscreto o desproporcionado, y en su respuesta a Sor

 Filotea de la Cruz nos dice que todas las ciencias y todas las artes son necesarias para

 entender bien las Sagradas Escrituras.

 Pero ese anhelo de saberlo todo y la práctica constante para satisfacerlo no le restan

 femineidad ni encanto, ni tampoco usó de sus atractivos para hacer pasar por sabiduría

 aquello en que no había ahondado la simple curiosidad. Era cuidadosa y exigente en sus

 estudios y los tenía, no como vano ornamento de la natural coquetería de la mujer, sino

 como ocupación  seria y grata de Dios.

“El triunfo obtenido con dolor y celebrado con  llanto” es el modo de triunfar de la

 sabiduría, nos dice en la respuesta a Sor Filotea de la Cruz, y explica también que el ángel

 es más que el hombre porque entiende.

En su anhelo de saber, en su prurito enciclopédico, Sor Juana se emparenta con Carlos

de Sigüenza y Góngora (1645-1700) y ambos anuncian desarrollos que se intensificarán

en el siglo XVIII en que el campo de la poesía viene a ser como el término de un ciclo de

gran importancia. Podría decirse que es el broche de oro que cierra la lírica de los siglos

XVI y XVII que, empezando en Garcilazo de la Vega (1501-1536), tiene su fin, en la

Península española, con la muerte de Pedro Calderón de la Barca (1600-1681).

La poesía de los Siglos de Oro, una de las de más alta calidad de la Europa renacentista,

con la que sólo puede rivalizar la poesía de Inglaterra, tiene su esplendoroso crepúsculo

en el continente americano, porque en los últimos años del siglo XVII no hay, en todo el

vasto imperio español, un poeta de la grandeza de Sor Juana Inés de la Cruz.

Es poetisa lírica, religiosa y aún filosófica, si de ello le damos crédito por su Primero

Sueño. Dice Sor Juana: “No me acuerdo haber escrito por mi gusto, sino un papelito que

 llaman Primero Sueño”.

Pertenece a esa corriente que inunda a España, que crece y desborda con don Luis

de Góngora y cuyas aguas revueltas ilumina todavía don Pedro Calderón de la Barca.

No es una simple imitadora, ni puede tachársele como por tanto tiempo lo hicieron los

críticos académicos mexicanos y extranjeros de una gongorista más, oscura y retórica.

Aprendió,  principalmente de Góngora, todas las galas de la nueva poesía; la línea

atrevida y elegante, la riqueza y valentía del léxico, el gusto del verso fulgurante.

Pero a todo ello agregaba gracia y mística propias, modulaciones de ternura, perfiles

insinuantes y también toques de fino humor.

Entre sus poesías tienen primer lugar las que cantan efusiones y sentimientos amorosos.

Con delicada sutileza matiza la expresión de sus emociones, encuentra imágenes de

conmovedora ternura, sigue con perspicacia los vuelcos del corazón y tiene una lucidez

psicológica que no aprendió de nadie, porque no era frecuente en la poesía de aquella

época.

En su hondura, en su verdad tierna y palpitante, en el arrebato de su confesión sólo

puede comparársele con la monja portuguesa Mariana Alcoforado (1640-1723) que abrió el

camino al estudio de las pasiones.

En ambas religiosas, en Mariana, yendo mucho más lejos que en Juana, la vida aporta las

 experiencias que alimentan y explican todos esos distingos, esas adivinaciones y esas

 sorpresas del alma que medita sobre el amor.

Algunas de sus redondillas y endechas, de sus sonetos y liras, tienen indudablemente un

sitio muy bien ganado entre los más grandes poetas de lengua española.

El escritor, filólogo y crítico español, Menéndez Pelayo alaba su “expresión feliz y única”,

 y declara que sus versos son “de los más suaves y delicados que han salido de la pluma de

 una mujer”.

Y esos versos y todo el acervo bibliográfico de Sor Juana fue declarado por la Organización

de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), como Memoria

del Mundo: patrimonio impreso de los siglos XVII al XXI, de la Universidad del Claustro

de Sor Juana A.C.

El Registro de la Memoria del Mundo es una lista del patrimonio documental aprobada por

el Comité Consultivo Internacional y ratificado por el director general de la Unesco, el cual

es considerado de importancia internacional.

Forman parte de esta declaración en primer lugar toda la obra de Sor Juana, impresos

antiguos y actuales sobre su vida y obra que al ser distinguidos con la denominación de

“Memoria del Mundo”, tienen como objetivo facilitar la preservación, mediante las técnicas

 más adecuadas, también contarán con acceso universal por medio de copias digitalizadas y

catálogos que estarán disponibles en Internet.

Por lo tanto los investigadores y amantes de la obra de Sor Juana y lo que se ha escrito

sobre ella podremos hacer honor a una de sus frases, con referencia a su obra:

                    “No estudio para saber más, sino para ignorar menos”

(c)Washington Daniel Gorosito Pérez
México, D.F.

Washington Daniel Gorosito Pérez es un escritor y periodista de origen uruguayo radicado en México