Carta de la editora: El valor de la permanencia en un mundo de urgencias

 

 

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A quienes supieron habitar este espacio con honestidad y gratitud. Por el camino recorrido y el que hoy empezamos a transitar hacia nuestro cuarto de siglo.

25 años: El valor de la permanencia en un mundo de urgencias

Llegar al umbral de un cuarto de siglo con una revista cultural no es solo un ejercicio de resistencia; es, sobre todo, una lección de observación. En estos años, estas páginas han sido testigos del pulso del arte, pero también de la naturaleza humana de quienes habitan este ecosistema.

He visto pasar a muchos. Algunos llegaron con el apremio de la visibilidad, buscando un lugar en esta plataforma cultural que a menudo funciona de forma implacable. La revista fue para ellos un trampolín, un espacio de validación y el megáfono que necesitaban para ser escuchados en medio del ruido. Los vi venir y los vi ascender; algunos supieron agradecer, mientras que otros obtuvieron lo que buscaban y se marcharon para nunca más recordar.

Es la ley de este ambiente: existen quienes entienden el periodismo cultural como un vínculo de construcción mutua, y quienes lo ven simplemente como un recurso utilitario. Incluso hubo quienes prometieron una reciprocidad que nunca llegó, olvidando que la palabra empeñada es el único capital real de un autor.

Sin embargo, mi mayor orgullo siempre estuvo lejos de los eventos sociales o los favores de turno. Durante años, mi verdadera recompensa fue transformar este espacio en un puente solidario, recolectando libros y donándolos a bibliotecas lejanas, o dando charlas donde el único pago era, precisamente, más material para quienes no tenían acceso a él. Ese ciclo de entrega, que hoy la vida y el cuidado de los seres queridos me han llevado a pausar, fue lo que le dio sentido real a mi oficio.

Hoy, elijo mirar ese desfile con la serenidad que da la trayectoria. No me detengo en la amnesia de otros; me detengo en la satisfacción de haber sido útil de una manera profunda y silenciosa. Mi compromiso ya no es con la agenda ajena ni con la exigencia de la inmediatez, sino con la palabra honesta y con mi propia obra.

Seguimos estando. Y eso, en un mundo que a veces parece usar y descartar, es el verdadero triunfo.

La editora

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