lunes, 12 de febrero de 2018

Un viaje por el canal Beagle

Lobos marinos en las rocas - Canal Beagle
Lobos marinos en las rocas - Canal Beagle

Colonia de lobos marinos - Canal Beagle

la ciudad de Ushuaia a lo lejos


Faro Les Eclaireurs - Canal Beagle

Colonia de cormoranes - Canal Beagle












Canal Beagle

Isla H - vegetación 
Lobos marinos en el canal Beagle

Araceli Otamendi navegando por el canal Beagle 




































(Buenos Aires)
Si se quieren ver colores y experimentar climas distintos en pocos minutos, una
navegación por el Canal Beagle es lo recomendable. El domingo 4 de febrero, desde
la ciudad de Ushuaia subí a un yate, un crucero que realiza viajes turísticos por el
canal Beagle. Pertenece a Tres Marías, una empresa de turismo aventura, que
también ofrece hacer treking en la Isla H.
Salimos con un día nublado y lluvioso, a bordo iban varios turistas de Argentina
y de otros países y tripulaban el barco Federico y Ezequiel, experimentados en el
arte de navegar por el canal.
Unos minutos después de salir del puerto, empecé a ver la ciudad de Ushuaia en
color gris. Las olas se agitaban y había comenzado a llover. El cielo, el mar, la costa
todo ese paisaje se veía en tonos de gris, como si un pintor se hubiera empeñado
en fundir la imagen en una única tonalidad.
Después de navegar durante un rato, pasamos por el faro Les Eclaireurs, lugar
conocido por los navegantes y punto de referencia en el mar. Una ballena jorobada
empezó a jugar a lo lejos, mostraba su cola y desaparecía en el mar, para aparecer
más cerca y en otro lugar.
También un pingüino magallánico nadaba en el mar. Parecían viejos conocidos de
los navegantes.
Varios barcos con turistas se deslizaban entre las olas y se acercaban a las islas.
El paisaje iba cambiando de color: más azul, celeste, un poco menos de viento y de
pronto una llovizna.
Los lobos marinos se habían juntado en una de las islas, y los cormoranes en otra.
Cuando el barco iba acercándose a la costa, los lobos emitían sonidos, como si se
estuvieran comunicando entre ellos o avisando algo.
Al llegar a la isla H, que lleva ese nombre por tener la forma de esa letra, el
ofrecimiento era desembarcar y haciendo treking conocer la historia y la flora y la
fauna del lugar.
Federico es el encargado de llevar a los turistas por la isla y hacer la visita guiada.
Este año pasé a la roca desde el barco, no hay muelle, y recorrí el lugar.
La isla ofrece sus encantos. Hay mucha variedad de plantas, hay pájaros y otros
animales que no están a   simple vista.
Antiguos pobladores yámanas recalaban con sus canoas en esa isla. Como eran
nómades, armaban sus chozas y al volver, podían refugiarse ahí. Esas huellas
existen. Hay que saber observar, escuchar los sonidos, mirar el paisaje.
Es una historia distinta de las que a menudo conocemos, es el fin del mundo
adonde los viajeros llegan buscando el lugar más austral y sus misterios.
De vuelta, el paisaje había cambiado y otras tonalidades coloreaban el cielo y el mar.
Nos acompañaba durante el viaje el sonido del viento y el canto de los pájaros
y de vez en cuando el grito de algún lobo marino que parecía decirle un secreto
o una noticia a su comunidad.

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