jueves, 22 de diciembre de 2016

La estética del arte.La obra y el diálogo con su creador por Sebastián Pavón Patiño

(Medellín) Sebastián Pavón Patiño

La sed de un artista está custodiada por  una   "necesidad" que insinúa  actos  intrínsecos conducidos por íntimos momentos que declaran un creador sumergido en medio de una apercepción, obligándolo a reflejarse en un lienzo que más adelante se transformará  en un “hábito” moldeado por  momentos subjetivos. Esto es similar al nacimiento de una idea portentosa, contraria al autor de la misma. La obra se independiza y se refleja en la época.
El artista construye una arquitectura lineal que se  introduce  a la hora  de plasmar la concepción furiosa, calmada,  y poética de su interioridad, causando así una emoción elocuente poco duradera y seca que se convierte en la necesidad de crear algo más.
En un acto incesante de creatividad que no dura mucho se perpetra un universo sonoro de matices y colores por doquier y que, al mismo tiempo, se divisa una sombra y un fenómeno que debajo de un toque curvo y sensible, nacen movimientos oblicuos, triangulares,  y lineales que poco a poco van dando forma a la música del espíritu.
Se vislumbra en  la idea del creador  un nuevo surgir magnífico de una estética que personifica  la belleza en sí misma y  no de otro tipo. Se produce en aquel momento un acto primero, la relación de la obra con su creador, un acto de carne, corpóreo, entre sensibilidad y placer. Es esta una relación sofisticada y tímida en que los sentidos aprecian lo que fue su voluntad, la voluntad de su creador.
Una aquiescencia manifiesta en un cuadro que a su vez parece comunicar su intimidad. Por medio de pinceladas que se traducen en orquestas de sensaciones. A esta vibración corpórea, ajena a la conciencia misma, la llamaremos “la yuxtaposición infalible”. Ya que  no hay nada mejor que sentir las curvas y las líneas que solo verlas y percibirlas. Pero, ¿no es esto algo precioso? Sin embargo, acontece algo horrible y bello. Aquel intervalo en que la obra se olvida de su creador, ocurre un momento de traición que causa un desprendimiento al verla volar por medio de vacíos existenciales iluminando el interior y exterior, observando se encuentra la obra distante de mí. ¡Ay! ¡A qué época irá!  Exclamó  el creador con dolor.
Tan solo a unos pocos centímetros de mi cabeza, sale volando entre la nada dejando  solo angustia por doquier, ahora eres material bienvenida al mundo de las cosas. Pero tú tienes una esencia, aunque te presentes materialmente conservas mi espíritu y el tuyo propio. Si bien  esta situación solo me acongoja más y me lleva a mi propia intimidad que a su vez me  deja una nueva visión que como desenlace el resultado es un sentimiento de tristeza, al ver un hijo desprenderse de su padre, ajeno a su destino.
El creador observa su creación desde una nueva perspectiva, pero ahora no como creador, sino como espectador.
Es el resurgir de una verdadera estética, porque de lo horroroso que produce esta separación nace algo hermoso y es ver como la obra se va alojando en cada una de las emociones reflejadas entre los cuerpos y rostros de los demás. Creando una intersubjetividad y uniendo a los unos con los otros. Conservando todavía la esencia fundamental de su creador primero, con todo ella solo guarda en su interior lo que su creador le dejó, una esencia.
Ella ignora los pensamientos de otros haciéndola en ocasiones incomprendida para unos y entendida para otros. Es un acto más bien de virtudes o de ¿simples tristezas? Dolores que no cesan en la vida en donde  únicamente  existen estos momentos y no existen otros iguales, en  los cuales  se da un diálogo entre obra y creador.
La obra nació antes de que él se diera cuenta y aunque su creador se aguarda en lo mezquino y se cobija con dolor, los cuerpos maravillan tal creación. El creador sabe que es dios por un momento, por eso sonríe en su calvario.
Chispazos de luz  y  de sombras dominan este taller sensitivo rodeado de naturaleza y de simples suplicios que crean frustraciones. Es un reino de ideas, en las cuales  unas singularmente  navegan y otras logran nacer, en cambio  otras simplemente logran sucumbir con el tiempo. Estas solo quedan olvidadas, mientras que otras reafirman su interior reclamando  una existencia genuina que contiene su subjetividad propia,  pero solo hasta que  la obra haya olvidado a su creador, la obra podrá ser libre. Por este motivo ella se mantiene en su porvenir y se mantiene en el tiempo hasta que se entienda de manera infinita. Es como tratar de comprender un fenómeno que va más allá de lo psíquico y que ni el mismo creador entendió, tal vez sea un olor a época o un sentimiento que no percibió. Pero la obra, a pesar de todo,  solo deja quererse pero no se deja amar, es grotesca y es  hermosa, también es tiempo y espacio, asimismo es espiritual y  terrenal, incluso  es angustia ¿o es miedo? Esta mantiene el equilibrio dimensional.
Es un misterio que solo deja dudas y angustias. A los que intentan enfrentarse a una obra pues les deseo suerte y no notoriedad, ya que esta es el reflejo mismo del hombre. Es un espejo en que nos vemos cada uno de nosotros, por eso creamos y nos asustamos con lo creado, somos nosotros mismos observando nuestra obra.
La obra se da cuenta de esto, por eso se marcha y se hace temporal y atemporal. Exclusivamente somos simples espectadores de nosotros mismos y de nuestra época, pero la obra si se mantiene aparte de nosotros, porque es el lenguaje del espíritu y es la forma en que lo incomprendido salta a la vista y se vuelve palpable aunque posee tintes fenomenológicos esta también posee lenguaje,  porque nos relata una historia sin hablar. Es simplemente un lenguaje privado y mental, una relación entre conciencia y obra, aunque  eternamente se mantendrá ajena y sin ningún dueño. Sin embargo  cuando cumpla con dejar a su creador como un residuo y logre reflejar  una época entera  podría indudablemente  convertirse en una pieza incomprendida por todos los tiempos que resten.

(c) Sebastián Pavón Patiño
Medellín
Colombia

Sebastián Pavón Patiño estudiante de filosofía de (Medellín, Colombia) nació el 18 de enero de 1992. Culminó sus estudios básicos en el año 2006.
Desde entonces ha estado envuelto en diversos campos del arte como son el comic, el óleo, la novela gráfica, entre otros. Sus especializaciones están enfocadas en la filosofía de la mente, la filosofía analítica y la fenomenología.
También ha presentado exposiciones de arte en distintas partes de la ciudad  de Medellín (Colombia), y además se ha desempeñado satisfactoriamente como profesor de dibujo en los distintos colegios de la ciudad contratado por la organización la Tartana, grupo de cultura del municipio de Itagüí, también ha publicado en España artículos de filosofía, tales como: la conciencia fenoménica y la catarsis aristotélica.


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