lunes, 17 de agosto de 2015

Una visita al Museo Ernest Hemingway por Maritza Morales Valero


Hemingway y su esposa Mary


Ernest Hemingway y sus hijos

Ernest Hemingway



el escritor Ernest Hemingway y Fidel Castro
interior de la Finca Vigía
Gregorio Fuentes
interior de la Finca Vigía
Piscina de la Finca Vigía
Comedor de la Finca Vigía

Biblioteca de la Finca Vigía

(Guayos, Sancti Spíritus) Maritza Morales Valero


Como cazadores de historias o aventureros de las artes, buscamos un sitio donde saciar la sed. Nuestros pasos dejan la avenida, se adentran en una calle estrecha de humildes casas y curiosas personas. Una verja de madera blanqueada, se alza a nuestro encuentro. A la izquierda del portón, una placa metálica anuncia;

FINCA VIGÍA

Museo Ernest Hemingway

La curiosidad acecha y los ojos se escurren por las hendijas. Un custodio sale a nuestro encuentro;

…está cerrado, abrimos en la mañana…


Bordeamos el lugar, una enorme tapia nos impide escudriñar en la leyenda. Nos adentramos en un barrio campestre, cada vez más humilde, cada vez más curioso. Desistimos, no hay visibilidad, un nuevo día nos espera con las expectativas colmadas de ideas insospechadas…El sol se alza, deslumbrante y cálido como de costumbre en la isla caribeña.Hoy el portón está abierto. Un auto añejo, de lujo, se antepone en el portón: rutinas; pagar para ver. Desde mi ventanilla descubro una fotografía en el interior de la taquilla, y mi lente salta, desciendo y le pregunto; ¿puedo?, quedo prendida en la imagen. Mis amigos me reclaman, y me llevo el recuerdo que nos da la bienvenida: Hemingway junto a Fidel Castro.

Una cuesta y un oasis de arboledas frescas nos rodean, y en la cima, la casona nos observa.

Las escalinatas son cortas para mis pasos con prisas.

Enredaderas colgantes y jardines retocados deleitan en colores, más los ojos no me alcanzan para descubrir por una puerta, tanta historia resguardada entre paredes añejas, confortables y blancas. Un señor arregla los libreros y una voz acogedora nos recibe; pueden observarlo todo a través de las puertas, permanece tal y como lo dejó Ernest, antes de partir...

Alguien murmura en inglés, y "en cubano"; desde aquí no tiene gracia, la voz sonríe, y se encoje de hombros, yo disfruto cada paso…

Una sala inmensa, decorada al gusto de sus dueños. Las paredes cargadas de cabezas de animales, que algún día fueron libres, perpetúan las historias de aventuras y safari.

Libreros atestados por doquier y una mesa dispuesta, vestida con mantel y cubiertos.

El grupo se dispersa, las cámaras disparan, las imágenes motivadoras abundan.

Bordeamos la mansión, entre puertas y ventanales con cristales y rejas. Los jardines y enredaderas perfuman el paseo.

Dormitorios, camas contiguas, y nupciales esperan el regreso de sus dueños y los invitados. Un baño impecable, de bañera blanca y cortina fresca, y los libros, presentes en todo espacio.

Los pasos nos elevan. La escalera estrecha nos roba el aliento, dos descansos y por fin la cúspide.

Un despacho ventilado, cristales impecables, más libros, una mesa para escribir, un telescopio y un retrato de mujer.

Desde allí, el entorno está a la altura de las palmas. Cercano y lejano horizonte que se pierde hasta la bahía; es la torre del vigía que nunca volvió.

Desciendo. El sendero empedrado me lleva a una piscina vacía, profunda y enorme como todo en el lugar.

Un espacio acogedor, mitiga el sol en las tombonas blancas y en las mesas vacías.

Cuartos aledaños, reservado de antiguas duchas y vestidores, reviven los momentos en el sitio.

Las fotografías expuestas en sus paredes demuestran la presencia de sus dueños, de sus parientes, de sus invitados.

Los humildes pescadores de Cojímar, los militares estadounidenses, los artistas de Hollywood, todos escribieron esta historia.

Sembradas lápidas de madera, con los nombres de las mascotas preferidas: Black, Negrita, Linda y Nerón, se unieron a la familia de 9 perros "satos", recogidos por la señora.

Boys, el gato mimado y 57 más, también conforman la muestra de fotografías en blanco y negro.

Y al fondo, Pilar, auténtico compañero de aventuras y mareas…




REFERENCIAS

Ubicada en San Francisco de Paula, a unos 12 y medio kilómetros del punto cero de la ciudad de La Habana, se ubica la Finca Vigía, Museo Ernest Hemingway (1899-1961), propiedad que perteneciera al escritor norteamericano.

La estancia fue alquilada por Hemingway, en 1939 y adquirida en 1940 por un valor de 18 500.00 dólares, dinero concedido por la proyección en el cine de Por quién doblan las campanas.

Conservada con celo por el gobierno cubano. El inmueble mantiene su estructura y decoración original, prohibiéndose la entrada al interior de la casona para preservar las pertenencias y la decoración, mantenida desde la vida del dueño y hasta la fecha.

La piscina de 11 metros de ancho por 15 de largo, con una profundidad máxima de 2.70 metros. Fue construida en 1930, por el anterior propietario, un francés. Es una de las 10 primeras piscinas construidas en la Habana.

En los días de intenso calor, Hemingway solía nadar 50 veces, alrededor de la piscina, y esperaba su almuerzo tendido en los muebles cercanos.

Debido a su deterioro, se demuele la cancha de tenis, para ubicar a Pilar, el yate original de Hemingway.

Fabricado en 1934, de roble blanco americano, y adquirido por un valor 7 455.00 dólares. La embarcación está provista de baño, cocina, una pequeña sala de estar, un camarote con dos literas y tiene capacidad para 7 personas.

El nombre Pilar tiene gran significado en la vida del escritor. Se dice que con el, le rinde homenaje a la Virgen de Zaragoza, España. También lo utiliza como seudónimo, y para comunicarse con su segunda esposa, cuando eran amantes…




La cubierta del barco fue cuidadosamente reparada en el 2008, manteniéndose los colores originales.

Hemingway prefería conducir el yate desde la cubierta superior, así podía apreciar mejor el horizonte y sentirse con mayor libertad.

Mientras pescaba, se ataba a la silla y era Gregorio Fuentes (capitán del barco), un cubano de origen Canario, quien guiaba la embarcación.

Gregorio Fuentes fue gran amigo del escritor, más que amigo lo consideraba un hermano. Inspirado en una historia que éste le contó, Hemingway crea El viejo y el mar.

Tal era la amistad de ambos, que hacen un juramento: quien quedara vivo de los dos nunca más echaría el barco a la mar.

Al morir su patrón, Gregorio cumple el juramento y saca el barco del puerto de Cojímar.

Sintiéndose muy enfermo y aquejado de varios males, Hemingway le expresa a su esposa que si el moría, le entregara la propiedad al pueblo y al gobierno de Cuba, y el yate a Gregorio Fuentes. La esposa cumple la voluntad de Hemingway.

En 1961, víctima de una depresión, procedente de una familia suicida, Ernest Hemingway, en su cabaña de Ketchum, Idaho, Estados Unidos, se quita la vida mediante un disparo.

Así termina la "leyenda", aun viva en la Finca Vigía, en el Hotel Ambos Mundos, en las paredes de El Floridita, en La Marina Hemingway de Cuba, y en la pesca de "la aguja".

Inmortalizado por generaciones de humildes pescadores de Cojímar o por los intelectuales de Cuba, isla que acogió a uno de los mayores escritores de todos los tiempos; Ernest Hemingway, el Dios de Bronce de la literatura norteamericana.




CITAS

El mundo quiebra a los individuos, y, en la mayoría, se les forma cal en el lugar de la fractura; pero a los que no quieren dejarse doblegar entonces, a éstos, el mundo los mata. Mata indistintamente a los muy buenos, y a los muy dulces, y a los muy valientes. Si usted no se encuentra entre éstos, también lo matará, pero en este caso tardará más tiempo.

Ernest Hemingway






Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo de continente, una parte de la tierra.; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad; por consiguiente nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti.

John Donne.

(c) Maritza Morales Valero

Cuba


Maritza Morales Valero (Guayos, Sancti Spíritus, Cuba, 1968) es poeta y narradora (literatura infantil y para adultos). Graduada de nivel medio superior, de formación autodidacta.
Se incorporó en el 2014 al Taller Literario Fayad Jamis de Guayos, donde ha participado en encuentros de escritores aficionados y ha obtenido premios y menciones en narrativa infantil, para adultos y en poesía. Tiene inéditos cuentos y relatos, para niños y adultos, y poesía. Ha colaborado con revistas infantiles y programas radiales. Fue finalista en el Concurso Nacional de Microrrelatos, auspiciado por la revista mexicana Papeles de la Mancuspia donde fue publicada su obra Cena Homenaje.
texto y fotografías (c) Maritza Morales Valero, enviadas por Maritza Morales Valero para su publicación en la revista Archivos del Sur.

2 comentarios:

  1. Gracias Araceli, sos la amiga gentil, que nos acercas siempre a personas pródigas en afectos. Maritza es una de ellas.En su relato , revivimos la casa particular de un talento de las letras mundiales.No es poca cosa.
    Abel Espil

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