domingo, 22 de febrero de 2015

Tinta, papel y ADSL por Beatriz Sánchez Tajadura

(Pamplona) Beatriz Sánchez Tajadura

 
Mario Vargas Llosa dijo que las experiencias de dolor son las que inspiran a los creadores. Uno escribe en el momento en que se produce algún tipo de entredicho entre la persona y el mundo en el que vive. Cuando uno vive en completo acuerdo con el mundo no tiene necesidad de inventar otro. Se escribe desde que a uno le rompen el corazón, desde que perdemos a nuestra madre, desde que se descubre la realidad, y esa realidad es la que alimenta a la escritura. La literatura es más afín al dolor que a la felicidad.
Conviene desconfiar del escritor anacoreta, esa suerte de intelectual aislado del mundo, enclaustrado en su biblioteca con una mantita, una tacita de té humeante y un libro abierto a la luz de una lumbre que no se consume nunca. El escritor se hace de lecturas y de trabajo, de disciplina y autocrítica, pero la literatura es también experiencia. En palabras de José Francisco Sánchez: “El buen comunicador es aquel que tiene un conocimiento profundo de qué es el hombre y del mundo que le rodea. Algo que no puede resumirse en una mera cultura superficial, en el sentido más manoseado de la palabra: es verdadera cultura, no erudición”. Al escritor hay que curtirlo. Hay que soltarlo al mundo como a un pollito recién salido del cascarón y dejarle a su aire. Ha de nutrirse de experiencias y de conocimientos que no están en las bibliotecas. Cuánto distan la teoría y la práctica.
Se ha mencionado a los ratones de biblioteca, pero de igual modo se puede considerar a los freaks de gafas de montura metálica, uñas sin cortar que teclean a velocidad de vértigo y que jamás apagan el ordenador cuando existe la posibilidad de dejarlo en suspensión. Frikis. Esos enganchados a la red como si esta se tratase de coca, esos especímenes sociópatas y amantes de los bits que idolatran a Vinton G. Cerf y lucen con callado orgullo un póster de Kevin Mitnick en la pared de su habitación. El escritor puede ahogarse tras el contundente muro del erudito, y lo mismo ocurre con el joven novelista que vive en Internet antes que en la calle. Para qué ir al cine cuando se puede descargar la película; qué sentido tiene correr para ver la televisión cuando después estará todo colgado en la red; por qué ir a visitar a alguien cuando se puede mantener una videoconferencia. ¡Está todo en Internet! Y ya incluso se habla de la “twitteratura” y los escritores de ciento cuarenta caracteres.

Imagen: turismoactual.net
 
Todo esto no implica que la red sea mala en sí misma, sino los usos que se le pueden dar. El escritor Francisco Menchén Bellónopina que la verdadera clave para entender la sociedad moderna está en considerar que todos los seres humanos son creativos por naturaleza. Y esa creatividad se refuerza con las relaciones interpersonales, tan potenciadas por redes sociales como Facebook o Tuenti. Bellón habla de la necesidad de crear redes sociales que permitan que los ciudadanos interactúen, estén conectados y compartan conocimientos, experiencias, opiniones, elaboren propuestas y finalmente las lleven a cabo. Para él, las redes sociales son el capital intangible de un municipio y el verdadero motor de la vitalidad de la población. No todo es tan malo, parece. Y Bellón no abandera la idea en solitario. El experto en crecimiento económico Richard Florida asevera que uno de los ingredientes principales para potenciar la creatividad es el uso de las nuevas tecnologías.
Y sin embargo, en un mundo en el que casi todas las casas disponen de conexión a Internet, el correo electrónico se ha convertido en una herramienta imprescindible y en las aulas de los colegios se imparten clases de informática, falla la capacidad para concentrarse. El pitidito de la BlackBerry o los incesantes mensajes al Whatsapp incitan continuamente a la dispersión. Demasiadas distracciones. Los alumnos de educación primaria de Finlandia tienen cada vez más problemas para concentrarse en la lectura y a muchos comienza a resultarles imposible fijar sus sentidos en una sola cosa durante más de cinco minutos. Resulta una pedantería negar que las nuevas tecnologías no se reflejan en la literatura. ¿Alguien más se pregunta cómo es el escritor del siglo veintiuno?
Escritor: dícese de autor de obras escritas o impresas. La definición es ya un vejestorio. Las obras del escritor no tienen por qué estar impresas porque la Era de los blogs literarios está aquí, y además de calidad. Ahí encontramos a los Archivos del Sur de Araceli Otamendi. De acuerdo, muy bien. Pero, ¿quién se cree que un blog es un libro? Por muy buenos que sean los Archivos del Sur, ¿qué tienen que ver con, por ejemplo, Fausto? Parece que no mucho. El amigo Goethe escribe una novela, la publica y después los lectores la compran y la leen. Pueden llegar a hacer anotaciones a lápiz en los márgenes, pero nada más. El autor no llegará a enterarse de qué fue lo que sus lectores escribieron allí, y en ocasiones es mejor que no lo haga. En un blog ocurre exactamente lo contrario. El autor escribe, publica, los lectores la leen y… ¡comentan! Y no solo eso, sino que sus comentarios se hacen públicos, casi como si formasen parte de la obra, y además el autor los responde dando lugar a una conversación en la que se difuminan los conceptos del tiempo y del espacio. Que venga Leibniz y lo vea. No ocurre así únicamente con los blogs, ya todo un topicazo, sino también con los eBooks (libros electrónicos, para los no-iniciados), en los que ya se pueden añadir comentarios personales, así como buscar palabras en el diccionario en línea.

Imagen: photocase.es
 
Estudiamos el realismo, leímos la literatura de protesta, la novela existencialista, la experimental. ¿Qué sucede ahora? Este cambio no tiene que ver tanto con el contenido como con la forma. Ya no es el tema, sino el modo de escribir sobre ese tema. Aunque, como en todo lo que sigue de cerca a la realidad, contenido y forma no dejan de ser sino puros conceptos mentales, que en la práctica se integran en uno solo: forma influye en contenido y contenido influye en forma. Así que la literatura ha cambiado. Vaya. La gente que sabe bautiza a este nuevo tipo de literatura que utiliza los medios digitales como cibertexto. ¿De qué va?

LA HIPERTEXTUALIDAD Y EL PENSAMIENTO NO-LINEAL. La nueva literatura ya no es lineal. Se acabó el ir leyendo un texto tranquilamente, sabiendo que avanzaremos párrafo por párrafo hasta alcanzar el final. Aquellos que hayan clicado en el enlace de arriba sabrán a qué me refiero. Uno de los tres pilares que sustentan la nueva literatura es la hipertextualidad. Palabra importante. El modo de leer y de escribir se parece más al del pensamiento, que no funciona linealmente, sino mediante relaciones, saltos. De forma tridimensional. Ya lo dijo Manuel Castells: “El hipertexto está dentro de nosotros mismos”. La narración hipertextual es un vuelo rasante respecto a la forma de pensamiento humano. Recuerda a aquellos libros baratos de Elige tu final, tan enervantes, en los que había que releer la novela por lo menos quince veces y en diferentes órdenes para agotar todas las páginas y los desenlaces alternativos. El mérito de Internet es haber hecho atractivo lo irritante.
LETRA, VÍDEO, FOTOGRAFÍA, MÚSICA… LITERATURA MULTIMEDIA. Si hablamos de una literatura no-lineal, también hemos de hablar de una literatura multimedia. Adiós a esos tiempos en los que la literatura se ocupaba únicamente de la palabra, ahora parece que los libros de páginas plagadas de texto estático quedan para los adictos a la erótica del papel, de la tinta de impresión y las tapas rústicas. Mirado a través de la red, el libro material es ahora una reliquia al alcance de coleccionistas vintage y nostálgicos de la literatura en pluma y tintero. El nuevo galán, el codiciado cibertexto, no solo se sirve de las palabras (y además, palabras empleadas de manera hipertextual), sino que además viene con accesorios: incluye imágenes, incluye videos, incluye canciones y enlaces. Multi-media. Qué nivel. Y aún hay más: en lugar de disponer, por ejemplo, de un texto que acompaña a un video pero que en esencia cuenta la misma historia solo que en otro formato, resulta que las distintas partes de la información se cuentan utilizando diversos medios. El texto cuenta una cosa y el video cuenta otra. No hay repetición. La clave consiste en dar en el clavo respecto a qué medio presenta mejor cada parte de la historia. El texto es solo una de las muchas opciones ahora que todo converge. La pregunta es: ¿La convergencia digital al servicio de la literatura o la literatura al servicio de la red?

Referencia: 123rf.com
 
INTERACTIVIDAD Y CONVERSACIÓN. Qué bochornoso resulta cuando un escritor publica en una página web y alguien hace un comentario señalando los errores del texto, o incluso peor: un comentario de mayor calidad que la misma publicación. Nada de esto hubiera sido posible en Fausto. Goethe tuvo suerte, ciertamente. Al escritor de la literatura cibertextual le exigimos más, puesto que ha de estar abierto a la conversación con sus lectores. La historia del escritor cibertextual se halla abierta, ya no solo a los comentarios y a la información de otros sitios web, sino también a los aportes de quienes quieran sumarse, como en un ejercicio colectivo. La nueva literatura es interactividad. Entre escritores y lectores, entre texto y redactor, entre usuario y ordenador.
Terrorífico para el escritor aún acostumbrado al papel y a la palabra. Sin duda. ¿Qué será del escritor de estilográfica y servilleta de cafetería? ¿Es el escritor del siglo XXI un ser apostado frente a la pantalla del ordenador, que actualiza sin descanso su blog y descarga videos e imágenes con los que enriquecer sus ya muy comentadas novelas online? La respuesta es: hay esperanza. La esperanza le pertenece a la vida, es la vida misma defendiéndose, querido Julio. Regresamos al comienzo, al escritor que se nutre del dolor, al escritor que ha de vivir primero para después poder escribir sobre lo vivido. Al escritor que escribe historias que están ahí fuera, en las calles, en las carreteras, en las personas a las que solo se puede llegar a conocer perfectamente teniéndolas cara a cara, tocándolas. La esencia de la literatura no cambia, ya pueden pasar cincuenta años, o cien, o puede llegar Blogger o puede llegar Google, o los dos juntos, y conquistar el mundo. Qué más me da, que me da lo mismo. Las historias siguen ahí.
      

No hay comentarios:

Publicar un comentario

publique un comentario a esta nota