lunes, 7 de julio de 2014

A 100 años de la muerte de la poeta uruguaya Delmira Agustini por Magda Lago Russo


(Montevideo) Magda Lago Russo
En el mes  julio  se cumplen 100 años de la muerte trágica de Delmira Agustini (Montevideo, 1886- Montevideo, 1914), una de las mayores poetisas de la literatura uruguaya. Nació y fue criada en una familia que a pesar de ser conservadora y tener conductas estrictas, le dieron la posibilidad de cultivarse culturalmente y desarrollar su creatividad. Fue una niña precoz. Además de componer versos desde que tenía 10 años, realizó estudios de francés, música y pintura. Formó parte de la Generación del 900, junto a Julio Herrera y ReissigLeopoldo LugonesRubén Darío y Horacio Quiroga, al que consideraba su maestro. Darío llegó a compararla con Santa Teresa, diciendo de ella que era la única, desde la santa, en expresarse como mujer. Su poesía expresó el erotismo femenino en una época en la que el mundo estaba dominado por el hombre. Su estilo pertenece a la primera fase del Modernismo y sus temas tratan de la fantasía y de materias exóticas. Eros, dios del amor, simboliza el erotismo y es la inspiración para los poemas de Agustini sobre los placeres carnales. Eros es el protagonista en muchos de sus poemas y obras literarias. Dedicó su tercer libro a este último, titulado Los cálices vacíos (1913), lo que significó su entrada al movimiento de vanguardia. Contrajo matrimonio con Enrique Job Reyes el 14 de agosto de 1913, pero por diversas desavenencias conyugales lo abandonó un mes y medio más tarde, divorciándose el 5 de junio de 1914. El 6 de  julio del mismo año muere asesinada por su ex esposo, quien después se suicidó.  Con 27 años, tres libros de poesía publicados, Delmira fue una de las primeras mujeres uruguayas que pidió el divorcio por voluntad propia y con una serie de admiradores nacionales y contactos internacionales. Desde entonces la figura de Delmira (es casi imposible no referirse a ella con sola apelación a su nombre de pila) se ha enroscado en la historia literaria uruguaya generando varios mitos y otras tantas realidades  En su poesía modernista, el significado de las palabras se ensambla y se convierte en algo vivo. Los  escritores modernistas despreciaban al burgués, que a su vez no los estimaba ni comprendía .Delmira Agustini escribía a propósito de esto:
“¡A cada paso en el suelo / siento que aplasto un gusano!” (El poeta y la diosa).
Delmira tenía un espíritu fuerte y una voluntad débil. Su madre la absorbió completamente.  Delmira Agustini murió joven pero dejó una obra imperecedera.Empezó a editar en la revista Rojo y Blanco, que dirigía Samuel Blixen. En el número del 27 de noviembre de 1902, apareció Poesía, obra de sus quince años. En la revista La Alborada publicó versos de su niñez. A pesar del desorden de sus rimas, que trasuntan desasosiego interior Delmira trabajaba en ellas. Era espontánea pero con disciplina. Los versos más empleados fueron los endecasílabos y el alejandrino.
En 1907 editó el primer conjunto de poesías, “El Libro Blanco”, prologado por Manuel Medina Betancort. Se trata de una obra modernista, reclama libertad para el creador:
¡El pensamiento
no se esclaviza a un vil cascabeleo!
ha de ser libre de escalar las cumbres
entero como un dios, la crin revuelta,
la frente al sol, al viento!
El poema ÍNTIMA, de la sección Orla Rosa, es su primer canto de amor. En Orla Rosa aparece su constante: la fuerza de vida que la lleva a reunir en haz el deseo, el ímpetu de la pasión, la sensibilidad, la inteligencia, la imaginación.
ÍNTIMA (fragmento)
Yo te diré los sueños de mi vida En lo más hondo de la noche azul  Mi alma desnuda temblará en tus manos, Sobre tus Hombros pesará mi cruz. Las Cumbres de la Vida hijo solas bronceado, solas Tan Tan y Frías! Y encerré Mis Ansias en Mí Misma, y de Toda Entera . Como Una torre de marfil me Alcé Hoy abriré un gran misterio tu alma el; tu alma es Capaz de penetrar en mi. En el silencio del heno vértigos de abismo: Yo vacilaba, me sostengo en ti. Muero de ensueños; Beberé en tus fuentes Puras y frescas La Verdad, yo Sé Que está en El Fondo magno de tu pecho El manantial Que vencerá mi sed…
Delmira sabía que la realidad y el sueño se confunden en una zona a la cual no llegan los sentidos. El Amor era el cauce de su vida.
Fue una adelantada de la revolución sexual de nuestro tiempo.
Exaltó el amor físico hasta transformarlo en poesía.También hay que destacar que estaba tan concentrada en su mundo íntimo, que apenas percibía el social.En Delmira siempre vivió el Espíritu porque el ser humano tiene esencia espiritual, pero su refugio fue el del amor al hombre de carne y hueso.El tema casi único de su poesía es el Amor, que para ella fue todo el bien y todo el mal.
Otros temas son el Ensueño, el Arte, los Reyes Magos, las Hadas, la Muerte, casi todos en “El Libro Blanco”.
A los 100 años de la muerte de Delmira, Diego Fischer* decidió escribir un libro sobre Delmira cuando descubrió que había aspectos pocos tratados por los estudios y las biografías de la escritora. “Una familiar que fue vecina de la familia Reyes en Florida me aportó una serie de datos llamativos. A partir de ahí, realicé una investigación de un año”, dice el autor de” Serás mía o de nadie,” que se publicó a fines de 2013. Fischer leyó y releyó lo que se había escrito sobre la autora. “Todos los textos publicados, salvo uno de 1944 cuya autora fue Ofelia Machado de Benvenuto, daban por sentado la versión de la familia Agustini. Pero nadie se preguntó quién fue Enrique Job Reyes o qué paso con la familia Agustini antes y después de 1914. Pretendí dar una mirada más amplia de los hechos”, explica Fischer. A partir de análisis del periodista en el Archivo Delmira Agustini de la Biblioteca Nacional, Fischer rearma el complejo entramado familiar de los Agustini. “No se puede entender a Delmira sin saber sobre sus padres y su hermano mayor, Antonio Luciano Agustini”. Fischer hace un retrato crudo de Santiago Agustini, padre de Delmira, “un hombre enormemente rico y miserable que no era el comerciante próspero que se decía, sino que era un usurero que hacía negocios turbios con el ejército”. Por su parte, su madre, María Murtfeld, era enferma psiquiátrica  e iba periódicamente a tratarse a Minas, sufría de jaquecas muy fuertes. Pasaba temporadas ahí y Delmira se hizo amiga de Aurora Curbelo, una muchacha hija del dueño del hotel donde se trataba la señora con aguas de magnesio. Aurora se transformó en su confidente y de casualidad en la médica que llegó al cuarto en la pensión de Andes 1206 donde murieron los ex esposos.   Otro punto sobre el que Fischer investiga es la estima que recibió Delmira durante su corta vida poética por parte de colegas e intelectuales en Uruguay y en el mundo de habla hispana, un tema donde según el autor “se partió de preconceptos y premisas que se han repetido hasta el hartazgo”. Según Fischer, detrás de Delmira Agustini hubo una operación de marketing, asombrosa para la época. Con El libro blanco, de 1907, la familia Agustini le paga al editor Medina Bentancort para que haga una antología de poemas de Delmira. “Su padre le hace dedicar el libro a toda la intelectualidad uruguaya del momento y hubo diferentes grados de respuestas. Desde Vaz Ferreira, que le llama “milagro”, hasta Pedro Figari, que apenas agradece, o Julio Herrera y Reissig, que demora un año y medio en acusar que lo había recibido. “Para Los cálices vacíos, de 1913 la familia redobla la apuesta y Delmira le dedica ejemplares a Pío Baroja, Miguel de Unamuno, Eugenio D’Ors y Amado Nervo. “Unamuno le responde con una carta de tres páginas con análisis minucioso y constructivo, sin mala intención, encantado con el soneto Lo inefable, y le dice: ‘Usted tiene mucho por vivir’. Pero la acusa de versos afrancesados y le dice: ‘espero de usted un nuevo libro, porque esto de libro tiene poco’” , dice Fischer. Para Fischer, Delmira fue una víctima de sus padres y esboza la teoría de que la muerte de Delmira no fue un asesinato. “Planteo que no fue un asesinato, sino un acto suicida, un pacto entre los dos”, arguye y defiende la tesis de que Reyes no era la bestia al que acusaron.  Lo que queda En Andes 1206, donde murió Delmira Agustini luego de que Enrique Reyes le diera dos disparos, hoy hay un edificio de la década de 1950. A mediados de 1914 funcionaba allí una pensión familiar donde alquilaba una habitación Germán Da Costa, amigo íntimo de Reyes, quien además había salido de testigo de Delmira en el segundo proceso de divorcio que la poetisa presentara contra su marido. No hay placas que indiquen que allí se produjo el hecho.


Dos poesías inolvidables

LO INEFABLE




Yo muero extrañamente... No me mata la Vida
No me mata la Muerte, no me mata el Amor;
Muero de un pensamiento mudo como una herida...
¿ No habéis sentido nunca el extraño dolor ?

De un pensamiento inmenso que se arraiga en la vida,
Devorando alma y carne, y no alcanza á dar flor ?
¿ Nunca llevasteis dentro una estrella dormida
Que os abrasaba enteros y no daba un fulgor ?...

Cumbre de los Martirios !... Llevar eternamente,
Desgarradora y árida, la trágica simiente
Clavada en las entrañas como un diente feroz !...

Pero arrancarla un día en una flor que abriera
Milagrosa, inviolable !... Ah, más grande no fuera
Tener entre las manos la cabeza de Dios !!


(CANTOS DE LA MAÑANA 1910)


Explosión

¡Si la vida es amor, bendita sea!

Quiero más vida para amar! Hoy siento 

que no valen mil años de la idea

lo que un minuto azul de sentimiento.

Mi corazón moría triste y lento...

Hoy abre en luz como una flor febea.

¡La vida brota como un mar violento

donde la mano del amor golpea!

Hoy partió hacia la noche, triste, fría...

rotas las alas, mi melancolía;

como una vieja mancha de dolor

en la sombra lejana se deslíe...

¡Mi vida toda canta, besa, ríe!

¡Mi vida toda es una boca en flor!
(LOS CÁLICES VACÍOS 1913)

(c) Magda Lago Russo
Montevideo 
Uruguay

Magda Lago Russo es escritora 

*Diego  Fischer: escritor  y   periodista uruguayo. Cursó periodismo en la Universidad de Navarra. Es autor de siete libros Ejerce el periodismo desde 1980 en radio, televisión y prensa..
Fuentes: Wikipedia
Escritores.com
PoemHunter.com
Diario El observador de Montevideo

                                                  

No hay comentarios:

Publicar un comentario

publique un comentario a esta nota