miércoles, 26 de febrero de 2014

Carlos Páez Vilaró: la humildad de los grandes

Recuerdo de Casapueblo - plato de cerámica de Carlos Páez Vilaró
colección, foto y archivo: Araceli Otamendi 



(Montevideo) Magda Lago Russo

Carlos Páez Vilaró, nació en Montevideo (Uruguay) el primero de noviembre de 1923 y falleció el 24 de febrero del 2014. En su juventud partió hacia Buenos Aires (Argentina), donde se vinculó a las artes gráficas como aprendiz de cajista de imprenta. Cerca de los 20 años, de regreso en Montevideo tras residir un tiempo en Buenos Aires, cuando comenzaba a pensar en partir otra vez, se topó con una comparsa. Era la primera vez en su vida que veía una y la emoción lo asaltó al notar las lonjas ensangrentadas por el fervor. Los siguió hasta el legendario conventillo Mediomundo, que se convertiría en su Mundo entero. "Me metí, me dejé tragar. Subí la escalera de chapa sin darme cuenta de que era la escalera del arte". Tanto se enamoró de la emblemática vecindad que terminó instalándose para pintar la vida de sus habitantes y sería allí donde lo descubriría un conocedor de arte que lo invitaría a exponer. Agotado el tema, partió hacia Brasil, desde donde inició un largo viaje a través de todos aquellos países en los que la negritud tenía una fuerte presencia: Senegal, Liberia, Congo, República Dominicana, Haití, Camerún, Nigeria. De regreso en Uruguay, motivado por el candombe y vinculado con la vida del conventillo Mediomundo, pintó sus motivos, compuso para comparsas lubolas, decoró tambores, y buscó imponer ese ritmo dentro de la vida cultural uruguaya. Pintó también lavanderas, velorios, navidades, mercados y bailes a la luz de la luna. Agotado el tema, partió hacia Brasil, desde donde inició un largo viaje a través de todos aquellos países en los que la negritud tenía una fuerte presencia: Senegal, Liberia, Congo, República Dominicana, Haití, Camerún, Nigeria A partir de entonces, la cultura afro se convirtió en una ruta de vida. El artista inició un viaje por todos los países de América Latina con importante presencia de negros -Brasil, Haití, República Dominicana, Ecuador- e, inevitablemente, terminó en África, donde recorrió 17 naciones. Allí conoció a Albert Schweitzer, el Premio Nobel de la Paz que cuidó a centenares de leprosos en Lambaréné (Gabón), donde el uruguayo se quedó un tiempo. "Fue la primera vez que le di la mano a un santo". En el Congo, a donde llegó contratado por el gobierno para pintar un mural, se enteró de que estaba en la mira de un comando militar que lo sospechaba comunista por venir de la República "Oriental" del Uruguay. No importó que, con humor, él refutara que el único ismo al que adhería fuera el ciclismo. Estaba condenado al paredón. Escapó con la ayuda de un grupo de argentinos. "Fue una odisea interesante para contarla. Ahora, para vivirla… A lo largo de ese recorrido, pintó centenares de obras, realizó múltiples exposiciones y dejó su sello en monumentales murales. Se volcó a la pintura, a la escultura, a la cerámica y al cine. Conoció a Picasso, Dalí, De Chirico y Calder en sus talleres y vivió con el doctor Albert Schweitzer en el leprosorio de Lambaréné. Integrando la expedición francesa "Dahlia", realizó en África el filme Batouk, elegido para clausurar el Festival de Cannes de 1967. Dos años más tarde volvió a presentar allí su nuevo filme Pulsation, con música compuesta especialmente por Astor Piazzolla. Radicado finalmente en Punta Ballena, tenía su taller en la cúpula mayor de su Casapueblo, su "escultura habitable", modelada con sus propias manos sobre los acantilados que dan al mar.. La convivencia funcionó; los vecinos del Mediomundo aceptaron sin recelo a ese joven enorme de ojos claros que se quedaba horas a observarlos para luego plasmarlos en cartones. "Una cosa que me ha abierto todas las puertas es considerar que somos una familia entera.
A lo largo de "Posdata'': Autobiografía. (Editada en enero del 2013)  Vilaró expuso su posición ante la vida:
“La posdata es el suspiro final de una confesión que nos habilita a recuperar de nuestra memoria algo que quisimos decir y se nos pasó de largo. Es la chance que se nos abre al terminar una carta para sumarle todo aquello que se escapó de nuestra concentración”
"No recular nunca, no dejarse vencer por las contrariedades, responder con una sonrisa a las ofensa, enfrentar con optimismo los contrastes, desvestirse de arrogancia, optar por el camino de la humildad, actuar sin aspirar a una medalla''.
"Siempre digo que viajar es correr paralelamente con la vida, y si ese viaje está enganchado a la acción del trabajo y del aprendizaje, la cosecha premiará nuestro regreso'', escribe. "Un día decidí partir por el camino del sol en busca del arte y, si bien éste me rozó, siento que aún no he logrado tocarlo''. Y añade: "Mi vida pasó a ser un corredor lleno de puertas cerradas donde, seducido por el brillo de sus picaportes, me siento tentado a abrirlas mientras avanzo, para darme de plano con la sorpresa. La calle fue siempre mi alfombra mágica, con solo pisarla se ponía a andar y me llevaba hacia otras donde había una rueda de amigos esperándome ... Agradezco a la esperanza por no haberme abandonado nunca''.
Como una obligación que se impuso a sí mismo, mientras recorrió el mundo pintando murales, filmando o haciendo exposiciones, fue reflejando en el papel sus impresiones. Revisó este cúmulo de anotaciones y las llevó a las páginas de este libro, donde queda reflejada su particular forma de ver el mundo. Posdata, es un libro auto biográfico, cuenta parte importante de su vida sin dejar ningún detalle atrás, su aprendizaje en cuanto a pintura y su pasión por los viajes.
LO QUE SE HA DICHO SOBRE EL AUTOR“ Carlos Páez Vilaró demuestra que es un artista de cuerpo entero, y que, como pocos, encarna la frase de Leopardi: ‘La ilusión mueve a los hombres más que la verdad”. Ruben Loza Aguerrebere, El País – Uruguay.
“Este artista montevideano que supo codearse con Brigitte Bardot, Pablo Picasso y Salvador Dalí nunca olvidó al hombre de la calle, al pescador y a los candomberos, que capturó y homenajeó en sus obras repletas de luz”.“La gente le dice Carlos, o Carlitos, con demostraciones de cariño que son expresiones de reciprocidad a un hombre reconocidamente generoso” Nelson Fernández, La Nación .
No es común que se conozcan popularmente los nombres de pintores y escultores, salvo los más célebres. Y es raro —al menos en las últimas décadas— que la gente común identifique a los artistas vivos. Pero en todo hay excepciones, y una muy notoria es la de Páez Vilaró. Desde sus inicios este infatigable creador se ha hecho notar (…) no es un artista que desde la lejanía de su taller evoca el tam tam del tamboril” .Alejandro Michelena, El Pueblo.
“Se le puede definir como aventurero, audaz, autodidacta, sin preocuparse de las reglas impuestas dentro de la pintura, siempre fiel a su estilo y dispuesto a conservar su libertad”. Mabel Capdevielle.


EL PERSONAJE | C. PÁEZ VILARÓ
"A mi edad, pensás en los promedios"
El creador de Casapueblo y artista del candombe por antonomasia repasó los mojones de su vida con altibajos y habló de los homenajes con olor a despedida.
¿Qué podría inquietar a un hombre que escapó de una condena a muerte en el Congo, que vivió en un leprosario de África, que convivió con un Premio Nobel, que tuvo de maestro personal a Pablo Picasso, que luchó por un hijo que todo el mundo creía muerto y estaba vivo, que luchó por otro hijo que la Justicia quería quitarle, que pintó el que supo ser el mural más largo del mundo, que estrechó las manos del Che Guevara y Andy Warhol y Juan Carlos Onetti y Marlon Brando y Salvador Dalí y Oscar Niemeyer y Jorge Luis Borges y Ernesto Sábato y Juan Domingo Perón y Juan Manuel Fangio y Lech Walesa y Santos Discépolo y Astor Piazzolla y... y... y...? Se descubre la edad en el bagaje infinito de anécdotas tanto como en los movimientos lentos y en la voz cascada, pero no así en la vitalidad. "Trabajar es lo que me mantiene, siempre estoy haciendo algo", sostiene en su atelier de Casapueblo, la icónica estructura blanca de Punta Ballena que su creador llama una "escultura habitable".
Fue persistente al buscar a su hijo, Carlos Miguel, cuando después del accidente de Los Andes todos lo daban por muerto. "Ese es un hecho muy especial. Si he buscado el arte toda una vida y no sé si lo encontré, cómo no buscar a tu hijo que está perdido en la montaña. Yo pensé que él era como yo, que iba a poder". Fue persistente al luchar por otro de sus hijos, Sebastián, cuando en una disputa legal el ex marido de su mujer lo quiso reconocer como propio; una década de tramiterío y análisis genéticos sellaron el debate. Y también ha sido persistente en el amor: tres matrimonios a cuestas lo ilustran. "Tuve la suerte de tener a mi lado a tres mujeres maravillosas, que en su momento todo lo que hicieron lo hicieron por mí. Si te ponés a pensar, lo mío es todo un juego de vanidades y resultados. Pero atrás de mi obra está el esfuerzo de tres mujeres que me aguantaron y me estimularon". Su actual esposa, Annette  Deussen, con quien lleva una historia de casi 40 años, es la madre de sus tres hijos argentinos Sebastián, Florencio y Alejandro, que se unen a los uruguayos Carlos, Agó y Beba. Orgulloso, el artista enumera los proyectos laborales de cada uno, que incluyen boliche, hostel, taberna y parador, entre otros. "Yo les digo que hay que intentar -insiste-. Hay que hacer. No hay peor cosa que llegar a una edad como la mía y decir: `Ah, yo quería cantar ópera y no me animé`" Y como no hay mejor mensaje que el ejemplo, Páez continúa Lejos de los radicalismos, Páez aclara que lo emocionó ver cómo, en el homenaje que le rindió  el Senado, se unieron oradores de todos los partidos; hablaron Pedro Bordaberry, Luis alberto Lacalle y Héctor Lezcano. "Es fantástico. Yo sentí como que me estaba abrazando el Uruguay". Con motivo de sus inminentes 90 años, en el 2013 la agenda de Páez se llenó de homenajes... ¿con gusto a despedida? "Los tomo con pinzas. Al paseo de entrada al Tigre le pusieron mi nombre; el que entra no sabe si el hombre está vivo o ya murió, ¿entendés? Me parece un poco prematuro. Inmerecido y prematuro". No obstante, el pintor admite que, como Picasso, piensa en la muerte todos los días. "Cuando llegás a mi edad pensás en los promedios. Ya es un triunfo haber llegado a los 90".
Desde hace 50 años, quien posase la mirada en la muñeca de Páez Vilaró observaría una especial pulsera negra. Se trataba de un accesorio hecho con pelos de cola de elefante, que se trajo de África en 1962 y nunca más se sacó. Decía que tocar los nudos daba suerte y solía alentar a los demás a hacerlo. La Capilla Muticultos del cementerio Los Cipreses, en San Isidro (Buenos Aires) es, para sorpresa de muchos, la obra que más lo enorgullecería. "En ella logré sumar todas las disciplinas que he intentado: hice vitrales, pintura, los pisos. Fue muy difícil. Muchas veces tenía que dejar el andamio y suspender el trabajo porque llegaba un entierro. No es fácil para un hombre que quiere tanto la vida pintar para la muerte". "Mi pasión más grande se despertó cuando vi la obra de Figari", confesó Páez Vilaró. Fue Delia, la propia hija del gran pintor, quien se la presentó. "Fanfarrón, pensó `Tengo que ganarle a esta pintura. Él los pintó (a los negros) del recuerdo. Yo voy a pintarlos de la realidad". Era asiduo integrante de las agrupaciones de negros y lubolos,  cuando estas desfilaban en las Llamadas en carnaval por las calles del Barrio Sur y Palermo de Montevideo. Días antes de fallecer desfiló con la comparsa Cuareim 1080, tocando el tamboril
Diariamente con la caída del sol, surge de las blancas paredes de Casapueblo la voz inconfundible de Vilaró, saludando al sol.
Chau Sol…! Te quiero mucho…
Cuando era niño quería alcanzarte con mi barrilete. Ahora que soy viejo, sólo me resigno a saludarte mientras la tarde bosteza por tu boca de mimbre.
Chau Sol…! Gracias por provocarnos una lágrima, al pensar que iluminaste también la vida de  nuestros abuelos, de nuestros padres y la de todos los seres queridos que ya no están junto a nosotros, pero que te siguen disfrutando desde otra altura.
Adiós Sol…! Mañana te espero otra vez. Casapueblo es tu casa, por eso todos la llaman la casa del sol. El sol de mi vida de artista. El sol de mi soledad. Es que me siento millonario en soles, que guardo en la alcancía del horizonte.
FUENTES
Posdata – Carlos Paéz Vilaró –Editorial Aguilar
Wikipedia  – Carlos Páez Vilaró.
El personaje. Carlos Páez Vilaró  - Gabriela Vaz
(c) Magda Lago Russo
Montevideo
Uruguay

Magda Lago Russo es escritora

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